jueves, 10 de marzo de 2011

Fidencio, el niño santo de Méjico

Así como en Argentina tenemos al Gauchito Gil y la Difunta Correa, en Méjico rinden homenaje a un curandero conocido como Niño Fidencio que surgió a principios del siglo XX y vivió en Espinazo, Nuevo León.

Sus poderes de sanación lo hicieron famoso y su nombre se dio a conocer por todo el país aún después de su muerte, dando origen a un fenómeno cultural y religioso de gran magnitud.Muchas historias se cuentan en el país acerca de José Fidencio de Jesús Síntora Constantino, a quién sus seguidores llamaron Niño Fidencio, haciendo referencia al Niño Jesús.

Se dice que fue un santo, un curandero, que operaba con un vidrio en lugar de bisturí, que curaba a los locos, que hacía desaparecer la lepra, que extirpaba tumores, etc. Sea o no cierta la fama que adquirió en vida, la cuestión es que miles de personas se acercan durante todo el año al pueblo donde vivió y practican un ritual que ya se integró a la cultura popular del país.

El ritual de Espinazo

El día de San José y los aniversarios del natalicio y muerte del Niño, Espinazo se ve invadido de miles de seguidores, enfermos y no enfermos, entre los que se destacan los “cajitas”, mediums que se dejan poseer por Fidencio para que cure a través de ellos. Éstos últimos entran en trance: su voz se convierte en la de un niño y entonces los creyentes saben que está presente.

La visita a Espinazo se convirtió en todo un ritual. En primer lugar, se visita el árbol del pirul, donde solía hacer concentraciones y se da una vuelta. De ahí parten las procesiones hacia la tumba del curandero, ubicada dentro de la casa dónde vivió. En el cuarto de atrás, se conserva todavía el “Teatro Nacional”, escenario en el cual el Niño hacía representaciones para sus fieles y donde hoy se celebran las misas de la Iglesia Fidencista.



El rito no termina en las misas sino que continúa con una visita al charquito de lodo que, cuando el Fidencio vivía, poseía minerales curativos que éste empleaba para sanar. Allí, los “cajitas” hacen ceremonias de purificación y curación y los fieles son dejados caer de espaldas para salir con el cuerpo entero lleno de un lodo verdoso.


La vida del curandero


Fidencio nació en Guanajuato, un estado central de Méjico y su familia, pobre y sin posibilidades de darle sustento, lo encargó a Enrique López de la Fuente, un hacendado alemán en Espinazo, Nuevo León, que lo convirtió en capataz de su hacienda.

Cuentan que el Niño afirmaba que su poder venía de Dios por medio de la tierra y las plantas naturales del desierto. Su regalo espiritual o su don le había sido otorgado por Dios, gracias a una revelación directa de Cristo y el Espíritu Santo, bajo un árbol sagrado del pirul en el centro del pueblo.

Más allá de no haber tenido un entrenamiento formal acerca de las propiedades medicinales de las plantas y los remedios caseros, Fidencio las empleaba cual experto.

Solía dar vueltas a un árbol en el que había tenido su revelación como parte de un rito y usaba el lodo de un charquito para aliviar el dolor de los sufrientes. Además, con su voz infantil les decía a sus seguidores: “No son pobres los pobres, ni ricos los ricos. Sólo son pobres los que sufren por un dolor”.


La leyenda popular le adjudicó metodologías de curación para nada convencionales: A los leprosos, les untaba ungüentos de hierbas y minerales que él mismo escogía; a los mudos, les aplicaba una terapia de shock asustándolos de forma tal que proferían un grito; a los locos, les aventaba frutas desde lo alto de un cerro para curarlos del espanto; extirpaba tumores usando pedazos de una botella de vidrio recién quebrada; entre otras cosas.

Dicen que murió de cirrosis. Otros creen que el agotamiento acabó con él. El Niño Fidencio, con su voz aflautada y sus poderes reales o imaginarios, murió en cuerpo… pero hoy, muchos creen que utiliza el cuerpo de los “cajitas” para seguir aliviando el dolor de sus fieles.


Inauguró la muestra sobre el santo mexicano en Córdoba


El miércoles 9 de Marzo inauguró la muestra “El niño Fidencio, un santo mexicano” del fotógrafo Pedro Valtierra en el Cabildo Histórico de la ciudad de Córdoba.

La exposición, organizada por el Centro de Estudios Fotogáficos (CEF), cuenta con 30 fotografías realizadas por el destacado fotógrafo mejicano a quién la revista Fotozoom nombró “Fotógrafo de la década 1975-85”.

En esta oportunidad, Valtierra emplea la técnica digital para retratar el fenómeno cultural y religioso del Niño Fidencio. Así, sus fotografías permiten apreciar los rituales que surgieron tras la muerte del curandero, tal el caso del baño purificador en el charquito de lodo que éste usaba para sanar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario